jueves, 17 de mayo de 2007

PAPÁ
¡Con qué ansiedad esperaba la bocina del auto!
Atropellándome con mis juguetes, rodando por la escalera, tragándome la puerta cerrada de la cocina y pateando los perros, trataba de llegar antes que mamá a la reja.
La ceremonia de abrir el portón de rejas era muy importante, y, de noche, las precauciones siempre eran pocas. Entre la inseguridad y la delincuencia, nuestros ojos y oídos habían agudizado sus facultades.
Una vez dentro de la casa, papá la llenaba con sus risas, sus gritos, sus juegos y aún sus reprimendas.Yo se lo quería quitar a mamá. Papá era mío. Era tan mío como Dios. En realidad , papá era Dios.
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La fiesta estaba en todo su esplendor. Las luces, la música, la gente, mis amigos, me hacían sentir tan feliz!
Culminando mi relación con Rocío, habíamos decidido casarnos después de superar mil obstáculos. Pero ahora no quería pensar en ello. Quería vivir mi fiesta; me lo debía.
Transpirado y sediento entré en el baño de recibo de la mansión que habíamos alquilado.
Como seguía siendo atropellado, entré a los tumbos.
El espejo del lavabo me devolvió una imagen distorsionada del muchacho que salió esa tarde acicalado y ansioso para casarse.
El alcohol, el baile, la emoción; todo contribuía.
Totalmente atolondrado, pero con mis ojos y oídos siempre atentos desde la infancia, alcancé a escuchar una respiración contenida.
Miré con atención a través del espejo y alcancé a divisar algo blanco, tras la puerta del water.
¿Era un zapato de novia?... ¿el de Rocío cómo era?...y ese otro, negro, que trataba de deslizarse hacia atrás en el suelo?..
No, no podía ser.
No!
Noooooo!- grité y me tiré contra la puerta.
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Y yo que sostuve toda la vida que mi padre era Dios!!!!!

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