HANK, EL PROTAGONISTA
El día amaneció espléndido.
Los 5* bajo cero eran una gloria para ese paradisíaco paisaje, donde el sol, el aire y la nieve de las altas cumbres alpinas, pugnaban por tener el rol protagónico.
Hank amaneció como el día, espléndidamente bien.
Sus veinte años de nativo de las montañas y los valles, se lucían como el paisaje.
En él, el protagonismo del rubio cabello celta, los intensos ojos azules, y el musculoso cuerpo de alpinista variaba de acuerdo a la subjetiva mirada del observador.
Hank acomodó de manera rutinaria su paracaídas, controló escrupulosamente los mecanismos de su ultraliviano, colocó la bolsa de la correspondencia en el adecuado compartimiento posterior del asiento del piloto y se elevó lentamente en el amarillo helicóptero italiano.
Jugaba y danzaba sobre la sobre la copa de los árboles de las laderas , disfrutando con la versatilidad de su máquina.
Los saludos de todos los días a sus amigos de las cabañas, se sucedían de acuerdo con la ruta de la correspondencia y los víveres.
Pero a 15’ de vuelo hacia el noroeste, vivía el viejo Freddy....... y Liz.
De solo pensar que la vería, Hank experimentaba esa sensación de júbilo, antesala del éxtasis.
Liz......., solamente Liz.
El gran cedro marcaba el lugar exacto.
Hank viró a la izquierda, suspiró al crecerle alas plumosas a su máquina, se rascó rápidamente el pico y emitió su clásico graznido.
Los ojos brillantes de Liz aparecieron en el hueco del antiguo y grueso tronco.
Y Hank supo que otra vez sería el verdadero protagonista de su alucinada fantasía.
jueves, 22 de marzo de 2007
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